No he pedido nunca un préstamo, ¿qué debería saber?

Tres preguntas que debes saber contestar

Las claves de pedir un préstamo

Si no has pedido nunca un préstamo, es normal que te sientas abrumado por un montón de cosas que no entiendes, incluso cuando cualquiera te intenta explicar todo lo que tienes que hacer y todo lo que necesitas.
Tal vez sería más útil, antes de empezar los trámites, que te hicieras algunas preguntas para que ganes tiempo y reduzcas la angustia.
En realidad, no sé decirte cuál de las dos razones me parece más importante: ganar tiempo siempre es importante, pero especialmente cuando trabajas por tu cuenta (nadie va a pagarte por el tiempo que “pierdes”), y reducir la angustia es clave para que resolvamos con mayor éxito cualquier problema de gestión.

Para empezar: un préstamo personal es una vía para poder conseguir algo que queremos, sin que dispongamos del dinero para hacerlo.
Es decir, un préstamo supone una oportunidad de hacer alguna cosa que con el dinero que tenemos disponible no podríamos hacer. Los préstamos personales cubren necesidades para el consumo personal, de modo que se convierten en una opción para adquirir productos y servicios sin necesidad de haber ahorrado previamente. Si nunca gastas nada que no hayas ahorrado previamente, es posible que a nivel personal nunca hayas necesitado un préstamo.

Pero en el caso de la actividad empresarial, ya debes saber que el caso más habitual es que no cobremos de los clientes al contado. Si trabajas por cuenta propia, en mayor o menor medida, más pronto o más tarde, vas a necesitar financiar parcialmente tu actividad. Básicamente, debes saber que cualquier tipo de préstamo tiene un coste, que es el interés que pagamos (el precio del dinero), así como las comisiones que nos cobra la entidad que nos proporciona el préstamo; pero lo más importante es que tengas capacidad de devolverlo, y que puedas convencer de ello a quien te lo deja.
Así que hoy te contamos tres elementos clave que debes tener claros antes de iniciar la solicitud de un préstamo, y que debes poder explicar:

1.- ¿Por qué lo necesitas?
No es lo mismo pedir un préstamo personal para hacer un viaje de placer, que para comprar una vivienda, cambiar de coche o pagar los estudios.

En tu negocio, no es lo mismo pedir un préstamo para comprar una furgoneta que ampliar el límite de una póliza de crédito para cubrir puntas de tesorería.

RECUERDA: Cuanto más claro tengas el objetivo y la necesidad, mejor vas a poder defender tus argumentos.

2.- ¿Cuánto necesitas?
El importe debe estar claramente definido. No puede ser una aproximación. Si vas a comprar un coche, furgoneta o similar, determinar el importe que va a costar no tiene ningún misterio. Pero hay que tener en cuenta también los costes asociados a esta compra, para que no te des cuenta demasiado tarde de que el importe que has pedido es insuficiente para cubrir la totalidad de los gastos. Comprar un coche implica contratar un seguro, gasolina, mantenimientos, garaje…

RECUERDA: Recopila toda la información asociada a la compra para que no pidas una cantidad insuficiente para lo que necesitas

3.- ¿Cómo lo devolverás?
Ésta es la pregunta fundamental, que debes saber responder con transparencia y soportada de la mejor manera.
Independientemente de los criterios propios que cada entidad financiera tenga para aceptar un préstamo, lo que es común a todas ellas es que quieren asegurarse de que se lo devolverás.

Si tú le dejaras dinero a alguien también querrías asegurarte, ¿verdad?
Quieren saber si tienes solvencia, es decir, capacidad de devolver el préstamo. Y para saberlo te van a pedir garantías personales (si tienes bienes en propiedad o algún otro tipo de recursos) o ajenas (avales). Tambien querrán saber cuales son tus ingresos y tus gastos, si eres un buen pagador… o no.

RECUERDA: No dejes al azar la forma en la que has previsto devolverlo. Haz números! Calcula el aumento de ingresos que estés esperando, o la reducción de gastos corrientes en la que estás pensando, o si puedes disponer de ahorros para devolverlo.  Tal puedas dejar de hacer algunas cosas hasta que no lo hayas devuelto.

Pero sobretodo, !haz los números!

Me encanta contar una anécdota que lo ilustra perfectamente.

Un joven, hijo de un buen cliente de una oficina bancaria, entra a hablar con el director para decirle, todo satisfecho, que necesita un préstamo porque quiere comprarse una moto. El director, conocedor de la situación de su cuenta corriente, sabe que apenas llega a final de mes, y que nunca, absolutamente nunca le sobra nada. Pero por ser hijo de un buen cliente, le escucha atentamente todas las explicaciones sobre el nuevo vehículo y las necesidades financieras que tenía y que las iba a cubrir en forma de préstamo. Al acabar su explicación, el director tan sólo le hizo una pregunta: “Muy bien, y ahora cuéntame, ¿qué dejarás de hacer?” La cara del joven le dejó claro al director que él no se había hecho esa misma pregunta. Se levantó, le dio las gracias por su tiempo, y se fue… No se compró la moto.

Fue suficiente una sola pregunta para la que no tenía respuesta para que él viera que no tenia capacidad de generar ingresos suficientes para devolverlo.
Créeme si te cuento que no es una anécdota aislada.
Si no has pedido nunca un préstamo, antes de hacer ningún paso en falso, te recomiendo que te hagas estas preguntas.
Cuando las tengas claras, otro día hablaremos del proceso.

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